jueves, 5 de noviembre de 2009

Lo Simbólico en "El Gato Negro" de Edgar Allan Poe

La obra cuentística de Edgar Allan Poe está nutrida por numerosos aspectos propios de su época. Poe vivió el romanticismo en cuerpo y alma, y su Literatura se encuentra impregnada de aquella melancolía y desazón esencial del alma romantica, pero también de otros aspectos bien interesantes propios de este movimiento: la religiosidad, la superstición, el estudio de la Biblia desde un punto de vista profano, la transmigración de las almas etc. De allí surgen obras que se remiten casi siempre a lo fantasmal, lo terrorífico, soportado todo esto en el folklore popular y cómo no, en poetas predecesores como William Blake y John Milton.

Es claro ver que estos temas, tan propios en la literatura de Edgar Allan Poe, generan un sentimiento fuertemente arraigado en la naturaleza humana: el miedo. H. P Lovecraft afirma en su libro El horror sobrenatural en la literatura que “El miedo es de las emociones más antiguas y poderosas de la humanidad, y el tipo de miedo más viejo y poderoso es el temor a lo desconocido”[1]. El origen de todo esto data de los primeros instintos del ser humano, los cuales formaron la idea del ambiente en el que se encontraba. El miedo, lo fantasmal y lo sobrenatural son elementos propios del afán de los humanos por dar explicación a ciertos fenómenos que están mucho más allá de nuestro entendimiento.

Lovecraft lo señala muy bien: “Lo desconocido, al igual que lo impredecible, se convirtió para nuestros antepasados primitivos en una fuente tremenda y omnipotente de calamidades y de favores que se dispensaban a la humanidad por unos motivos tan misteriosos como enteramente extraterrenales”[2]. Hay que hacer un énfasis en las cualidades benéficas y maléficas de algunos entes sobrenaturales propios del folklore. Anteriormente señalamos la existencia de seres ultra terrenales que otorgan favores y que castigan; más adelante veremos por qué el romanticismo se obsesiona con este tipo de las dualidades Bien/Mal, Dios/Demonio; por ahora, basta decir que en la Historia de la Humanidad una figura protectora y una maligna nos han acompañado en el recorrido por el mundo; sin embargo, se torna interesante analizar deidades más modernas, como el mismo dios de los cristianos, con su posición de Padre Todopoderoso del Nuevo Testamento, contrastado con el Dios punitivo, vengativo y castigador del Antiguo Testamento, así como el culpable de todas las desgracias de los afligidos cristianos: El Diablo.

Cabe señalar que estos aspectos demoníacos y sobrenaturales fueron combatidos por la Iglesia, de modo que correspondió a unos cuantos arriesgados en la Edad Media, y luego a los intelectuales del romanticismo, estudiarlos. Tal como señala Lovecraft: “Debido a que nuestros sentimientos con respecto a los aspectos benéficos de lo desconocido fueron captados en primer lugar y formalizados por los rituales religiosos convencionales, es porque toda la parte más tenebrosa y maléfica del misterio cósmico figura destacadamente en nuestro folklore popular y sobrenatural”[3].Partiendo de lo anterior no hay derecho a asombrarse por la existencia de una literatura relativa al temor cósmico, a lo fantasmal, a lo demoníaco.

Antes señalamos una de las cualidades más prominentes del romanticismo: su profunda religiosidad. Sin embargo, esta religiosidad debemos entenderla como el indagar en lo oculto, en lo profano, en lo prohibido por las tradiciones. No obstante, este culto a lo religioso del romanticismo tiene un predecesor histórico importante: el iluminismo. Forrest Schultz, en su artículo “La base espiritual del romanticismo[4]” lo explica muy bien. Rousseau, quien es considerado el padre del romanticismo, hace de este movimiento una respuesta al iluminismo. A diferencia del protestantismo que se sublevó contra las distorsiones del cristianismo, el iluminismo rechazó enfáticamente el cristianismo y desarrolló una figura mecanicista en la que Dios estaba o totalmente ausente, o en el mejor de los casos se le asignaba un rol mínimo. Ahora bien, en la obra de Allan Bloom “Amor y amistad” el autor lo explica claramente: “Rousseau no quería un mundo “desencantado” no quería un mundo que consistiese únicamente de átomos moviéndose de manera aleatoria y no deseaba un mundo carente de poesía, de propósito y de amor. Rousseau rechazó el cristianismo, pero no podía aceptar la esterilidad de un estado en el que no existe religión del todo; de manera que inventó su propia religión. Esa religión fue el romanticismo que buscaba inyectarle a la vida la religiosidad que el iluminismo había suprimido”[5]. De esta manera el romanticismo pasa a ser un movimiento casi dogmatico donde las pasiones juegan un papel importantísimo. “En el romanticismo se experimenta el hastío si se carece de una devoción dramática por un amante, o hacia una causa”[6]. En esta “religión” romántica se considera heroico hacer lo que sea para conseguir “su verdadero amor” a cualquier costo, sin importar si hay que violar la moralidad, al estilo Emma Bovary. Esta imagen del romántico que se sumerge en sus pasiones sin importar un futuro negro, desalentador, nos recuerda al mismo Poe, escribiendo lo que sería su obra maldita: Eureka. Una obra que acabó de sumirlo en la tristeza, lo dejó en bancarrota y acabó con su fuerza dado que según la comunidad científica no tenía el rigor para ser ciencia, ni tampoco las cualidades de la brillante literatura con que tenía acostumbrado al mundo.

Es precisamente esta cualidad religiosa, devota por los estudios de lo “prohibido” que hizo de los artistas de este movimiento algo tan original. Los románticos conocían la cábala, el ocultismo, la astrología y la cosmología, y usaban estos conocimientos en su escritura, tal como lo hizo Poe.

Los románticos hicieron lecturas diferentes de la Biblia. La leyeron desde lo profano, desde lo oculto; lo religioso era una forma de llegar a lo prohibido. Así, la superstición y lo diabólico se puede observar, por ejemplo, en uno de los cuentos más representativos de Edgar Allan Poe: El gato negro, un cuento de terror que muestra los bajos instintos humanos catalizados por una provocadora criatura que despierta el odio en su amo. Aquel gato, en primera instancia, fue ahorcado por su amo. Pero éste, tras una visita a una taberna, se encuentra con otro gato que decide llevarse a casa para que llene el vacío que ha dejado el animal anterior. El comportamiento del personaje da un giro inesperado: toma actitudes crueles y hostiles contra el nuevo animal, como si en él renaciese el anterior. Aquí podemos hallar una explicación en la simbología.

Debido al magnetismo y al comportamiento del gato, éste desempeña un papel muy importante en la magia. En el antiguo Egipto, se asociaba con la diosa Isis, que de paso era considerada “Gran maga y diosa madre”. No es de extrañar, entonces, que el gato posea estas cualidades mágicas desde la antigüedad. Ahora bien, un gato negro se asocia con las tinieblas y la muerte. En el budismo, y especialmente en la cábala, el gato se asocia con la serpiente. ¿Y qué representa la serpiente en el mundo occidental? La sabiduría y, además, una de las tantas personificaciones de Satanás. Podríamos decir incluso que el gato, desde la cábala, es símbolo del pecado. Esta creencia fue muy alimentada en la Edad Media, donde los gatos eran animales familiares de las brujas; sobre todo los de color negro que representaban al Diablo y, por ello, la superstición los consideraba portadores de mala suerte. El mismo Poe lo señala en el cuento:

“Mi mujer, que era en el fondo algo supersticiosa, hablando de su inteligencia, aludía frecuentemente a la antigua creencia popular que consideraba a todos los gatos negros brujas disimuladas”[7].

Asimismo, entre los indios americanos, el gato era respetado por su astucia e inteligencia, lo cual le permitía llevar a cabo sus empresas con éxito. Otro aspecto muy interesante en el cuento de Edgar Allan Poe es, precisamente, el nombre de este gato: Plutón.

La simbología de Plutón en la astrología es bastante particular. Plutón es el príncipe de las tinieblas, el cual alcanza la noche original del alma[8]. ¿Y cuál podría ser la noche original del alma? ¿Será acaso la locura? Por ahora, podemos afirmar que hay una innegable relación entre Plutón como “una estancia en el infierno”[9] y el mundo griego del Hades.

De hecho, podemos sustentar esto desde la latinización de los nombres del Olimpo por parte de los romanos; Hades se transformó en Plutón tras la expansión latina en el mundo antiguo. Sin embargo, es en la simbología del color negro donde más indicios encontramos que nos ayuden a entender esta particularidad de los cuentos de terror de Poe. Según el diccionario de símbolos “el color negro representa el mal. Representa también la inconsciencia, ya sea por embriaguez, por la melancolía o por el infortunio. Representa el pesimismo, evoca la muerte, los atavíos de luto y los diabólico, satánico.

Gracias a lo anterior podemos rastrearlo en el cuento, la inconsciencia, la noche original del alma es indudablemente la locura. Los personajes de Poe muchas veces atraviesan por estados neuróticos en los que usualmente cometen algún tipo de acto cruel y sin sentido.

Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia…. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser.”[10]

Sin embargo estos periodos de locura amainan, y se produce una insoportable culpa en el personaje por sus crueles actos. Culpa que acrecienta el odio del amo hacia el animal. Indudablemente, y tras haber señalado todos los aspectos simbólicos del gato, podemos afirmar, que el gato no es más que una presencia maligna, un demonio, es decir, el gato es el diablo. De hecho una facultad demoniaca se ve en la transmigración del gato. Plutón si bien fue asesinado por su amo, este reencarnó en el nuevo gato, provocando los mismos sentimientos de ira y odio en el amo. Y esta característica de la mutación es una de las tantas estratagemas del diablo. El diablo ama la metamorfosis, pone de manifiesto su capacidad mimética, es el Falsificador el diablo “Desde el perro negro que acompañaba a Fausto, hasta el falso ángel de luz que intentó vencer la tenaz resistencia de san Antonio, ha encarnado en casi todo aquello en lo que se puede encarnar”[11]. Cabe señalar que hay una cualidad desde lo religioso que explica este afán de oposición del diablo, un proceso atinómico que edifica una de las posiciones más representativas del diablo: El tentador. Toda cosa debe tener un opuesto y toda fuerza deberá provocar una reacción que se le oponga, algo muy claro en Poe desde Eureka y su principio de acción-reacción.

Así la religión cristiana tiene la encarnación del verbo, el hijo de dios, Jesucristo tiene su contraparte que lo imita de una forma contraria, el Anticristo. Como ya lo hemos señalado una de las figuras de la trinidad infernal más prominentes del diablo es la del tentador. En el cuento, indudablemente el gato tienta al hombre, lo seduce:

“Al sentirse acariciado se enderezó prontamente, ronroneando con fuerza, se frotó contra mi mano y pareció encantado de mis atenciones.”[12]

Tras la tentación, el hombresumado el a al hombre, lo seduceal mcipio de acci. ue provocae por sus crueles actos. comete el asesinato de su mujer en una arranque de locura e histeria pues esta le ha impedido asesinar al gato. Finalmente, el hombre que cree haber cometido el crimen perfecto es delatado por su arrogancia y por supuesto, por el gato. Cuando el personaje del cuento golpea la pared para afirmar la fuerza de estas frente a los policías, el gato aparece en acción:

“un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de horror, mitad de triunfo, como sólo puede haber brotado en el infierno de la garganta de los condenados en su agonía y de los demonios exultantes en la condenación”[13]. La labor de Plutón había sido consumada. Su amo había sido presa de su juego, lo había enceguecido con la ira, había transmigrado en otro gato que provocó el asesinato, para luego él erigirse sobre el cadáver de su esposa, triunfante. “Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato y cuya voz delatadora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!”[14]

Quisiera concluir haciendo unas pequeñas referencias al autor. Muchos de los personajes de Poe tienen su origen en su vida misma. Poe decía: “El terror de mis relatos procede de la densa oscuridad de mi corazón”. Esta lucidez, producida paradójicamente por su desequilibrio mental, su locura y su neurosis hacen de la obra de este genial escritor una referencia obligada en la literatura de terror, en todo el mundo. Jorge luis Borges afirmaba que era imposible y abusivo juzgar la obra de Poe desde la neurosis, pues esta no podía ser referida para atacar la obra de poe, sino para explicar el génesis de la misma. Borges refería a Schopenhauer cuando señalaba que “no hay circunstancia de nuestra vida que no sea voluntaria; en la neurosis, como en otras desdichas, podemos ver un artificio del individuo para lograr un fin. La neurosis de Poe le habría servido para renovar el cuento fantástico, para multiplicar las formas literarias del horror. También cabría decir que Poe sacrificó la vida a la obra, el destino mortal al destino póstumo.” La muerte y la locura fueron los símbolos de que éste se valió para comunicar su horror de la vida; Así este trabajo anterior busca tan sólo demostrar de una forma humilde porqué Edgar Allan Poe se convirtió en la figura prominente que conocemos hoy en día. Fue el maestro del terror, así como el maestro de muchos autores que escribirían su nombre en la historia posteriormente. Para finalizar cierro con una frase de Jorge Luis Borges para defender a Poe de quienes lo acusaron de haber copiado el terror de la literatura alemana: El terror no es de Alemania, es del alma.”


Marlon Andrés Rueda



[1] Lovecraft. H.P “El horror sobrenatural en la literatura”. Distribuciones Fontamara S.A, México D.F. 1995. Pág. 7

[2] Lovecraft. H.P “El horror sobrenatural en la literatura”. Distribuciones Fontamara S.A, México D.F. 1995. Pág. 8

[3] Lovecraft. H.P “El horror sobrenatural en la literatura”. Distribuciones Fontamara S.A, México D.F. 1995. Pág. 9

[4] Schultz, Forrest. La base espiritual del romanticismo. Artículo online en: http://www.contra-mundum.org/castellano/schultz/Bas_Romant.pdf

[5] Bloom, Allan. “Amor y Amistad”. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1993

[6] Bloom, Allan. “Amor y Amistad”. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1993

[7] Poe, Edgar Allan. Narraciones Extraordinarias – El Gato Negro-. Editorial Iberia. Barcelona, 2002. Pág. 410

[8] Diccionario de Simbolos Online

[9] Diccionario de Símbolos Online

[10] Poe, Edgar Allan. Narraciones Extraordinarias – El Gato Negro-. Editorial Iberia. Barcelona, 2002. Pág. 410

[11] Cousté, Albert. La biografia del diablo. Circulo de lectores S.A. Barcelona, 1978.

[12] Poe, Edgar Allan. Narraciones Extraordinarias – El Gato Negro-. Editorial Iberia. Barcelona, 2002.

[13] Poe, Edgar Allan. Narraciones Extraordinarias – El Gato Negro-. Editorial Iberia. Barcelona, 2002.

[14] Poe, Edgar Allan. Narraciones Extraordinarias – El Gato Negro-. Editorial Iberia. Barcelona, 2002.

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